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Edu Vázquez

Publicado en Oviedo
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Recuerdo perfectamente, siendo un niño, el viejo tocadiscos de mis padres en casa y el piano de pared de mi madre en el que, con las piernas colgando del taburete, hice sonar mis primeras notas, pero el recuerdo que despertó algo más en mi fue el sonido constante de la guitarra acústica y la armónica de mi primo a través del patio de luces que daba a mi habitación en Oviedo.

Recuerdo perfectamente, siendo un niño, el viejo tocadiscos de mis padres en casa y el piano de pared de mi madre en el que, con las piernas colgando del taburete, hice sonar mis primeras notas, pero el recuerdo que despertó algo más en mi fue el sonido constante de la guitarra acústica y la armónica de mi primo a través del patio de luces que daba a mi habitación en Oviedo.

Sonaba día y noche mucho blues y rock & roll de los años 50, y sobretodo, lo que empapaba aquel patio, eran las canciones de Bruce Springsteen.

No sabía porque, pero todo aquello me encantaba y me emocionaba. Hoy, tampoco lo sé, pero eso es lo que tienen las canciones.

Bajaba a su casa a diario a robarle discos y grabarlos en cintas de casete, tomé prestada de sus estanterías una buena colección de vinilos de Elvis. Me impresionaba su infinita colección de Springsteen y me enseñó que el gran maestro de todo era Bob Dylan.

Estas son las imágenes más claras que recuerdo del momento en que decidí que lo que quería era colgarme una guitarra y escribir canciones.

Monté mi primera banda con mis mejores amigos, escribí mis primeras canciones, grabamos nuestro primer disco, tocábamos blues y rock, bebíamos, fumábamos, reíamos, cantábamos y sobre todo, queríamos ser amigos de Jim Dinamita y ser los Burning.

Aquello terminó y pasaron los años, me mudé a Gijón, seguí aprendiendo, escribiendo y tocando la guitarra en distintas bandas en Asturias.

En el año 2009 decidí que lo que quería era cantar y contar mis canciones y “volverme vulgar al bajarme de cada escenario”. Empecé a tocar con mi guitarra y mi armónica por bares, me convertí en el eterno aspirante al título y seguí escribiendo canciones.

Grabé mi primer EP ese año, seis canciones bajo el título “Aunque lluevan sombreros”, en homenaje a mi tío, el pintor Eduardo Úrculo, un referente en mi vida, que entre otras miles de cosas, me hizo descubrir y admirar al maestro Leonard Cohen.

En 2012 grabé mi primer disco “Doce maneras de escapar descalzo”, un puñado de canciones con claras influencias de los cantautores norteamericanos que siempre he admirado y por el que me nominaron en los premios AMAS (Anuario de la Música Asturiana) en la categoría de “Mejor letrista”.

Un primer disco es como el primer combate antes de sonar la campana, como el primer partido importante fuera del banquillo, como una primera cita con la chica más guapa del barrio.

En 2014 crucé las montañas y me instalé en Madrid, cerca de Atocha, que “no queda tan cerca del cielo”. Quise pisar las calles que escuchaba en mis canciones favoritas, mirar a los ojos a esta ciudad, dejarme caer por sus escenarios y cantarle todas mis glorias, mis penas y mis miedos.

Sigo escribiendo canciones y emocionándome con mis héroes de siempre, Dylan, Cash, Cohen, Sabina, Springsteen, Waits, Calamaro y muchos más.

Vuelvo a mis discos favoritos una y otra vez a ver si me encuentro, quiero tener una tienda de discos como en Alta Fidelidad y sigo escuchando los acordes que inundaban aquel patio de luces de Oviedo y que me hicieron coger una guitarra y cantar.

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Visto 538 veces Modificado por última vez en Lunes, 12 Septiembre 2016 12:13
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